En busca de Keita

Hace un lustro, se gestó un plantel que, después de vender a Touré Yaya, contaba con Xavi, Iniesta, Busquets, Cesc, Thiago Alcántara, Mascherano y Keita para su centro del campo. Y ahora, tras la salida de James hacia Múnich, son Modric, Kroos, Isco, Casemiro, Kovacic, Ceballos y Marcos Llorente quienes conforman la medular de referencia. En ambos momentos dio la sensación de que Europa estaba arrasada en cuanto a medios de élite, como si “el problema” fuera ese y no que la mayoría de los mejores se amontonasen en un mismo club. Sea como sea, desde entonces, todos menos uno se han encontrado ante la obligación de cazar al próximo gran cerebro de la Champions League. Naby Keita, hoy en el RB Leipzig y desde el verano 2018 en el Liverpool FC, es uno de los últimos candidatos.
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Naby Keita se integra en el doble 5 del dibujo de Ralph Hasenhüttl, un 4-4-2 que poco tiene que ver con el modernismo táctico de los últimos entrenadores exitosos de la Bundesliga. Especialmente, a la hora de defender, donde maneja conceptos afines a las presiones que se practicaban a principios de los 90 por influencia del AC Milan de Sacchi. Es decir, trabajo específico de la doble punta y dos líneas de cuatro que coquetean con el fuera de juego y muerden al poseedor del balón.
En dicha presión, Naby Keita desempeña un papel fundamental. Es un tipo que ocupa mucho espacio, que tiene intuición para medir qué riesgos deben tomarse y con un muy buen pie para coleccionar robos. Pese a que se postula como un jugador de carácter ofensivo, en lo ligado a la presión guarda similitudes con el súper futbolista del Chelsea FC N´Golo Kanté.

No obstante, como se apuntó, Naby Keita entra por los ojos cuando la pelota llega a sus pies. Con ella, pese a erigirse en el máximo y más eficaz pasador del Leipzig, cabe señalar que a título asociativo le falta por mejorar. Su relación con el primer pase es más cumplidor que influyente -lo da, pero no aclarando la jugada-, y una vez se supera la salida, su tendencia a la verticalización le presentan como alguien vinculado a la creación de ocasiones y no al enriquecimiento de una posesión. Keita, y esto tiene que quedar claro, no es un director de juego. Ahora bien, acompañando a uno (en su actual equipo, Forsberg, de forma alternativa, a veces asume esa función) funcionaría de maravilla, porque en el desequilibrio y la aceleración, ya es buenísimo y promete ser dominante incluso en el primer nivel.
Camisetas y equipaciones de la La Ligue 1 francesa: Paris Saint Germain, AS Mónaco, Marseille.
Encontrar un referente comparativo para acercar el fútbol de Naby Keita a quien nunca le haya disfrutado resulta muy difícil. No existe otro centrocampista con sus características ofensivas. Se podría aludir a Mateo Kovacic cuando recibe en zonas retrasadas, por esas potencia, precisión y frecuencia que exhibe conduciendo y batiendo líneas del rival, pero el croata no muestra, ni por asomo, la claridad en la frontal del área de la que sí hace gala el del Leipzig cuando arriba al lugar del peligro. Porque precisamente el combo que hace de este centrocampista alguien sobre quien no perder la pista deriva del hecho de que, siendo un jugador de muchos metros y de mucho ritmo, ahí arriba se destaca por frío, fino y con cierta dosis de letalidad.