Lo que diga Xavi

Este pasado lunes, el diario El País publicó una entrevista con Xavi Hernández. Como no podía ser de otro modo tratándose de quien se trata, las respuestas que el exjugador del FC Barcelona y actual integrante de la plantilla del Al-Sadd catarí ofreció al periodista Diego Torres no han dejado a nadie indiferente. No vamos a descubrir a estas alturas de la película la peculiar forma de entender el fútbol del que fuese cerebro y estandarte de los grandes éxitos de la selección nacional entre los años 2008 y 2012. Xavi es quien es y, sobre todo, fue quien fue por haber interpretado como ningún otro futbolista ese estilo de juego combinativo, basado en la posesión y rápida circulación del balón, que ha encumbrado al gran Barça de la última década. Y es además, un prodigio técnico con una incuestionable habilidad innata para previsualizar el desarrollo de una jugada en ciernes. Pocos ven el fútbol con la facilidad con la que lo ve el centrocampista egarense. En lo suyo, el mejor.
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Pero su discurso, por supuesto válido como el que más, pierde gran parte de su poder de seducción por caer en un absolutismo simplista y maniqueo con respecto a otras maneras de entender el juego. Para Xavi, y extraigo textualmente de su entrevista de El País, “Mourinho les decía a sus jugadores que no parasen el balón. Jugaban rápido y ya salían Di María, Cristiano o Benzema. Ahora lo hacen Bale, etc, etc… ¡No querían jugar al fútbol!“. Tiene tan interiorizada su concepción única del fútbol que desliza que “al fútbol” solo se juega de la forma que él determina. Los demás, simplemente, “no quieren” jugar al fútbol.
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Nunca fui un defensor de los métodos de Mourinho. Es más, si tuviese que decantarme por una única opción sin matices, la propuesta futbolística de aquel Madrid estaría a la cola de mis elecciones. Pero sería de idiotas negar su eficacia y su contundencia en determinadas condiciones. “Eso no es fútbol“, protesta vehementemente un Xavi dueño de la verdad absoluta y oráculo del césped cortado a navaja. No se baja de su pedestal en toda la entrevista. No da ni el más mínimo margen a otras ideas que difieran de la suya (“todo el mundo ha querido copiar el estilo de Guardiola“). Desprecia, incluso, a los que no tienen la facilidad innata con el balón con la que él fue agraciado (“la cultura del Barça no es la de Víctor Muñoz o la de Calderé, es la de Cruyff“, “hay centrocampistas, como Casemiro, que no lo entienden“). Y a medida que avanza la entrevista, se va mostrando más totalitarista. Más intolerante. Más irrespetuoso. Más cerril. Lo tiene tan claro Xavi que su desprecio por otras posturas acaba desacreditando la suya propia e intoxicando sus vastísimos conocimientos del juego.
Xavi ha jugado tragado mucho fútbol… pero lo ha hecho cocinado siempre de la misma manera. Se ha empachado a fuerza de repetir el mismo plato una y otra vez hasta el punto de atrofiar su paladar y ser incapaz de distinguir otros sabores, otras texturas y otros matices. No le habría venido mal al Xavi veinteañero salir un par de añitos de Can Barça y probar otras experiencias futbolísticas como complemento de su proceso de formación como futbolista de primerísimo nivel. Quizá así habría suavizado su radical, obtusa y excluyente visión del fútbol.