Bale

El estatus y la categoría de Gareth Bale deberían situar al galés, en un contexto de encuentro como el que va a producirse en el próximo clásico entre Barcelona y Real Madrid, entre los futbolistas a los que Zinedine Zidane debía de buscar proteger de cara al próximo 26 de mayo. Es el espacio en la plantilla que tuvo, de forma natural, nada más aterrizar procedente de Londres, y que ha ido perdiendo paulatinamente por las circunstancias, hayan estado éstas derivadas de los problemas físicos o del excelente rendimiento de Lucas Vázquez, Marco Asensio o Isco Alarcón.
Tienda de camisetas baratas de futbol, nuevas camisetas del mundial 2018.
El técnico francés consiguió dar forma, siguiendo con la tendencia que asentó Carlo Ancelotti, a un 4-3-3 en el que Bale y Cristiano Ronaldo, como extremos de un once que contaba con Karim Benzema como un complemento perfecto para ambos, eran decisivos. No se puede decir que el contexto táctico no buscase explotar al futbolista galés, que tenía en el perfil derecho a Modric para alimentarle y Carvajal para rellenar el espacio exterior en campo contrario. Eso significaba sitio para combinar en el carril interior diestro o posibilidad de correr en situaciones de transición, aprovechando el pase profundo del croata.
Sin embargo han pasado los años y Gareth Bale ha perdido jerarquía. La previsión era que se fuese acercando a un Cristiano Ronaldo que es, por razones obvias, el hombre a potenciar a través del sistema, pero la tendencia ha sido radicalmente opuesta. Una lesión en el tramo decisivo de la temporada pasada hizo que Zidane encontrase espacio para un Isco que jugó al mejor nivel de su carrera, y a pesar de que el 4-3-3 venía dejando claro que el Real Madrid conseguía ocupar mejor los espacios en campo rival, abrir líneas de pase con más soltura y quedar mejor ubicado para recuperar después el cuero, la variación con el malagueño dio paso a un equipo dominante.
Encuentra zapatillas y botas de fútbol baratas:Magista, Mercurial superfly, Tiempo.
Sin embargo el 4-3-1-2 no logró mantener, en el arranque de este curso, esa suficiencia que alcanzó su clímax en el segundo tiempo de Cardiff. La no presencia de Cristiano Ronaldo o la falta de continuidad de Carvajal dinamitaron la excelencia necesaria para que la titularidad de Isco con total libertad y la no ocupación fija de ambos extremos compensase, de modo que Zinedine Zidane tuvo que ajustar sus piezas para ir enderezando la temporada. Era un contexto propicio para que Bale asumiera la responsabilidad, porque a nivel de sistema el equipo necesitaba de una figura como la suya, y porque por jerarquía era obviamente el indicado para dar ese paso adelante.
Sin embargo y salvo aportaciones puntuales del galés, la variante ganadora ha sido un 4-4-2 en el que Lucas Vázquez y Asensio ocupan ambas bandas. Ha sido la mejor opción para que Cristiano Ronaldo volviera a encontrar remates cómodos de forma constante, y aunque a la opción Isco más Casemiro es difícil de renunciar en las grandes noches, los dos extremos consiguieron reactivar al portugués, hacer al Real Madrid generar ventajas de forma más frecuente en los últimos treinta metros y, además, aportar un plus defensivo con el que los de Zidane han defendido mejor los carriles exteriores.